La Realidad en un Círculo

La realidad en un círculo

En El hombre de la calle ante la obra de arte, ensayo del pintor Jean Dubuffet, este nos propone que…ser azul no es nada, lo importante es ser azul de cierta manera. En la vida diaria, en nuestra relación con los demás, en el arte… lo que importa es ser azul de cierta manera. En la obra de Rubén Madrazo, el círculo predomina por encima de cualquier otro elemento, dominando la mayor parte de las composiciones, quizás porque la realidad se impone, brusca, dolorosa, gentil a veces. El círculo, dice Rubén, es el elemento geométrico perfecto. El diálogo entre lo vulnerable y lo áspero se expresa con una intervención que conjuga tanto el círculo como delgadas y elegantes formas lineales, con densos cúmulos de arena o tímidos colores. El resultado es a la vez frágil y fiero.

Pero esa es la realidad de la realidad. Madrazo lo sabe, como deberíamos saberlo todos. Su proceso artístico conjuga lo azaroso y lo premeditado, su universo y lo meramente experimental, dejándose llevar por los materiales que emplea. No es de extrañar, por tanto, que dos de sus pintores de referencia sean Ángel Alonso y Esteban Vicente. El primero se mantuvo gran parte de su vida alejado del mercado del arte, y esa singularidad, junto al hecho de que fuera el gran amigo de la filósofa María Zambrano, lo convierten necesariamente en un pintor que buscaba lo esencial en la pintura. ¿Cómo se llega a eso? La propia filósofa, en una de sus cartas al pintor, le dice: soledad es Amor. La pintura de Esteban Vicente, a partir de su radical transformación hacia el expresionismo en torno a 1950, se identifica con un trazo más gestual y más decidido, aunque ya pasado el tiempo y tras atravesar otros momentos pictóricos, lo reconocemos como una pintura emocional, de luminosa belleza, que parece ir dirigida a abrir puertas a nuestra sensibilidad poética, a nuestro espíritu.

Lo importante es ser azul de cierta manera. La obra de Rubén Madrazo lleva el sello de un carácter personal muy marcado, marcado por la realidad bruta, obstinada, pero también por una imaginación reveladora y elocuente. Llegar al público supone sorprender, mostrarse subversivo, o simplemente humilde; supone entregar vigor en la expresión. Así debería ser en todas las artes. En mi opinión, Rubén Madrazo se expresa a la manera de un pintor antiguo: predispone a la contemplación y a la meditación. Y, al igual que los pintores antiguos, nunca dejará que el lobo trabaje para el circo.

Para terminar, relata Jean Dubuffet cómo el gran dibujante iconoclasta, Adolf Wölfli, escribía en el dorso de sus cuadros el precio que les asignaba, y que oscilaba entre mil millones y un paquete de tabaco. Rubén, sospecho, tardará mucho tiempo en pedir mil millones por uno de sus cuadros, tampoco fuma… no es, por tanto, un público imaginario al que se dirige, sino que aspira a comunicarse con él.

Por último, mi homenaje y agradecimiento por lo que tú y yo sabemos, las entradas en la noche, el consuelo compartido. Por lo que nos hizo para siempre amigos.

El lobo nunca trabajará para el circo es el título de la exposición, extraído de una canción de La MODA (La Maravillosa Orquesta Del Alcohol).

Mª José Echevarría Solar.

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